Mucha gente entiende el concepto de cómputo en la nube como algo místico o casi irreal. En realidad, la nube es solamente el hecho de que nuestros datos se estén almacenando en la computadora de alguien más. Lo que hace a la nube tan llamativa es que, al confiar en servidores como Google, Microsoft o IBM, nuestros datos están más seguros por ser almacenados en diferentes ubicaciones y podemos accesorios de cualquier lugar con conexión a internet.

Para una compañía, suele ser muy útil contratar almacenamiento o software de la nube, pues su respaldo es mucho mejor y su interconectividad en diferentes ubicaciones se vuelve amena. La mayoría está migrando todo el papeleo a la nube, aunque hay que considerar los riesgos que esto implica, pues en caso de un ataque, su información podría ser robada.

Para las personas, el cómputo en la nube ha posibilitado e incrementado la tendencia del «internet de las cosas», y así cada vez más y más dispositivos se conectan al internet y están sincronizados entre sí. Por ejemplo, la nueva tecnología de Alexa por Google permite conectar las luces, cortinas y cámaras de una casa entre sí para manipularlos desde el celular, y permite hacer pedidos de mercancías por internet tan solo usando la voz.

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